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ISSN 1989-4163

NUMERO 141 - MARZO 2023

 

Despedida de Agitadoras

Inés Matute

Catorce años dan para un sinfín de cambios, no sólo a escala mundial. Cuando empezamos a agitar la cultura no teníamos canas ni usábamos gafas de lectura, y ahora las observamos colonizar nuestras cabezas mientras las lentes aumentan su graduación. Mis dedos desconocían el significado de “artrosis”; hoy, mientras trabajo, la palabra se manifiesta en todo su esplendor. Teclear aún no es una proeza, pero ya empieza a costarme seguir el ritmo de mis pensamientos, que me abrazan en este instante empañados de nostalgia.

Tras abandonar Luke, la magnífica e-revista cultural que creció de la mano de la vitoriana Editorial Bassarai, comencé esta aventura on line con quien era mi marido y padre de mis hijas; hoy es mi ex y compañero coeditor. Hay muchas cosas que van precedidas por esas dos terribles letras, puertas que una cierra a sus espaldas, algunas voluntariamente, otras, latigazos vitales a los que cuesta acostumbrarse.

No nos afectó el cierre imparable de muchas revistas del corazón: nuestros lectores no leen en amarillo ni disfrutan con el troceado visceral. Pero uno de nosotros ha cumplido ya los sesenta (me parece increíble, dado que yo le conocí en sus espléndidos dieciséis años) y ha decidido dar por buena la andadura y dedicarle más tiempo a otros proyectos. Nunca podréis imaginar cuántas horas de trabajo hay detrás de cada número, la selección, el montaje, la rectificación, el puñado de e mails intercambiados con cada colaborador, las cartas de debate abierto, los intercambios que han surgido a raíz de algún artículo especialmente punzante. También ha habido invitaciones a eventos que han dejado huella en los padres de esta criatura: los formidables encuentros en Punta Umbría, donde promocionábamos la revista cuando en España apenas existían publicaciones de este tipo. Palabra Ibérica, eventazo que seguía a EDITA, siempre de la mano de Uberto Stabile, persona de epatante trayectoria y ya amigo personal, quien en el año 94 creó los Encuentros Internacionales de Editores Independientes que tantas alegrías nos ha dado. Hemos conocido a gente fabulosa que jamás saldrá en los suplementos culturales aunque su trabajo lo merezca. También hemos conocido, gracias a EDITA, a gente que ha alcanzado nombre y éxito. Fueron los menos.

Recuerdo con cariño la promesa que nos hicimos de estar, contra viento y marea, on line con un nuevo número el día uno de cada mes. Esto resulta relativamente fácil a día de hoy, con tanta tecnología disponible, pero no lo era cuando comenzamos. Por eso tuvimos que buscar cibercafés cuando el montaje nos pillaba de viaje. Carrerones en Praga bajo la nieve, desesperación cierto día en Moscú. En Dinamarca, donde yo había acudido a presentar una novela, resultó más fácil que en la siempre caótica Roma, ciudad en la que celebramos nuestro divorcio sin que por ello la revista dejara de salir puntual. Sí, el montaje nos ha pillado con la resaca de año nuevo y también con el COVID. Recién operados, deprimidos o de bajón. Por amor al arte. Nunca fallamos a la cita mientras nuestras hijas crecían, los contactos se multiplicaban, trabajábamos y escribíamos libros en nuestros ratos libres. Han sido muchos los que hemos parido entre los dos: más títulos que los años que llevamos on line. Y ferias. Y agentes literarios. Invitaciones a la Semana Negra. Invitaciones al cierre de librerías caídas en desgracia o arrastradas por una crisis del libro que nunca merecimos ni vimos venir. Inauguraciones. Conferencias. Ediciones especiales. Presentaciones de libros. Cosas.

En ocasiones tuvimos que homenajear a los grandes de la música, la moda, la arquitectura o el arte que nos iban dejando. En otras, celebrar el nacimiento de un poemario, o el de un poeta. A veces sólo opinábamos, pues opinión y punto de vista alternativo hemos tenido siempre. Nos horroriza el mainstream, al que hemos atacado siempre que nos ha parecido necesario. Siempre apostamos por la opinión libre y perseguimos el compromiso del individuo con la sociedad. Ahí estuvimos dando testimonio de nuestro tiempo y circunstancias, con críticas y halagos, con buen y mal humor, pero sobre todo dimos cobertura a vuestros trabajos, porque sois vosotros quienes hacéis la revista y alimentáis la cultura. Las Agitadoras pronto cambiaron de género y se convirtieron en agitadores, y de España saltamos a América del Sur, con valiosos y muy fieles colaboradores, en eso no hicimos distingos, y de su mano llegamos hasta donde se nos permitió llegar. Misión cumplida. Contadores engrasando nuestro ego con nuevas entradas y visitas. Pequeñas celebraciones caseras. Eterno agradecimiento.

Quién sabe si un buen día una de nuestras hijas, tan vinculadas a la cultura, tomará el relevo. Pero entonces será otro nombre, otra estética y otra filosofía, otro tiempo y otra la manera de descifrarlo. Gracias a todos otra vez. Vosotros lo habéis hecho posible.

 


 

 

 

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